«Fame is not the goal. Money is not the goal. To be able to know how to get peace of mind, how to be happy, is something you don’t just stumble across. You’ve got to search for it.”
(“La fama no es la meta. El dinero no es la meta. Ser capaz de saber como tener tranquilidad de espíritu, como ser feliz, es algo que simplemento no se cruza ante ti. Tú tienes que buscarlo»).
Empezaré atípicamente aquí con una muestra de cómo Harrison se tomaba las cosas. Las disputas en el interior de Apple, la compañía que los Beatles crearon para incentivar a los artistas de su generación, mermaron tanto económica como emocionalmente al grupo. A pesar de ser un episodio traumático, George no dejó de usar su tono sarcástico y reirse de si mismo y de aquella situación, como lo hizo en All You Need Is Cash, falso documental (que por si cierto, si no lo has visto, estimado lector o lectora, hazlo ya mismo que está en su totalidad en YouTube, en este link), donde se parodia el desmantelamiento de dicha compañia. Uno no puede evitar destornillarse de risa con la interacción entre Harrison y Michael Palin, que aquí demuestra porque es un Phyton a carta cabal, y la poca sorpresa que le causa al ex-Beatle las absurdas situaciones a las que la oficina está siendo sometida.
A mediados de la década pasada, tuve la oportunidad de viajar a Buenos Aires por motivos de trabajo y, fascinado por todo lo que podía ofrecerme como ciudad, decidí explorar aquellos lugares que, según recomendaciones de mis amigos argentinos, tenían tesoros músicales guardados y rarezas, bootlegs y demás grabaciones inéditas. El recuerdo más memorable de aquél viaje, amén de otros tantos, y en lo que se refiere a música, fue la adquisición de la edición del 30 Aniversario del All Things Must Pass, genialidad compuesta en su totalidad por George Harrison, e ignorado por mí, dada esa disyuntiva que siempre me siguió desde pequeño: “¿Lennon o McCartney? Pero bueno, Harrison también tiene alguna que otra buena canción de solista y es un guitarrista bastante sencillo y melódico”. Fue a raíz de la recomendación de mi amigo Miguel Sanchez que adquirí el triple disco y desde entonces, no he dejado de considerarlo (y recomendarlo a quién aún no lo ha descubierto) como uno de mis favoritos, no solo viniendo de un ex-Beatle sino de cualquier solista en general. La lista de canciones geniales no para y refleja la excelsa facilidad de Harrison para la composición, expresada en la mística de “My Sweet Lord”, la colaboración con Dylan en “I’d Have You Anytime” y “If Not For You”, y las grandes «Isn’t It A Pity», “Beware of Darkness” y “All Things Must Pass”, reflejo de un alma que busca, a través de sus canciones, la luz para encontrar ese camino perdido, una y otra vez. “None of life’s strings can last/ So, I must be on my way / And face another day” (“Ninguna de las cuerdas de la vida pueden perdurar / Así que debo ir por mi camino / Y enfrentar un nuevo día”), canta Harrison con actitud de esperanza y levantarse a pesar de las caídas. Dicho espíritu inquieto acompañaría a George durante toda su vida, y le haría buscar actividades, más allá de la música, que puedan redondear una existencia transcendental, a pesar de los problemas y las contingencias que se le pudieron haber presentado en su momento.
La personalidad de George, bajo perfil (al contrario de las grandilocuencias de Lennon) y sin pretenciones de liderazgo (esto dicho de buena manera refiriéndome a McCartney), estaba cargada de contradicciones que, contrario a lo que se pueda pensar, le hacen ver como una persona más real y más alejada de lo que las historias y la mitología pop le describe. Y lo deja claro ya desde los albores de la Beatlemanía con letras como “Don’t come around leave me alone / Don’t bother me” (No te acerques, déjame solo / No me molestes), que si bien sigue la temática amor/nena/romántica de la época, se deduce muy bien que con esas líneas aflora sutilmente ese carácter especial. Se dice que fue el Beatle más espiritual, aquél que buscaba la trascendencia entre toda la fama y la presión, qué fue él quién dedico gran parte de su tiempo en los sesenta a introducir nuevas tendencias dentro de la música pop (con “Love You To” y “Within You Without You” tenemos dos claros ejemplos, amén de sus incursiones experimentales solistas) , y sin embargo, a su manera, fué el más rebelde en términos de enfrentar la hegemonía compositiva del tandem arriba mencionado. La máquina de hacer hits no podía parar y esto desarrolló en George una postura antisistema, incluso dentro de la banda, y desarrollada fuera de ella posteriormente, donde con toques de sarcasmo y humor negro (no por nada, el pseudónimo «Dark Horse» le ha quedó como anillo al dedo) renegaba de aquello que no le parecía correcto, al menos para su visión de las cosas. Los años pasaron y la gran explosión inicial gracias a All Things Must Pass y su continuación, el infravalorado Living In The Material World, se vino abajo por disputas legales en torno a la autoría de algunos de sus temas, el deterioro de su peculiar voz, su poca flexibilidad para adaptarse a las exigencias del mercado (en temas de giras y movidas promociones para sus discos) y su constante alejamiento de la vida mediática, que finalmente le hicieron una personalidad atípica en el mundo del rock. Fué pues, en otros proyectos, como su incursión en la producción de films con los díscolos Monty Phyton en Life Of Brian (y probablemente, mi cameo personal favorito en toda la historia del cine), su afición a la jardinería o la pasión que la Formula 1 le generaba (se hizo gran amigo de Jackie Stewart) en donde pudo encontrar cierto alivio y tranquilidad, sin olvidar a ese entrañable emprendimiento llamado Travelling Wilburys, que sería merecedor de un artículo aparte, dado el exceso de genialidad entre sus componentes.
¿No les entran las ganas de dejar de hacer lo que hacen en este momento y volver a ver la mejor comedia británica del siglo pasado, por enésima vez? Si, fué producida por HandMade Films, creada por Harrison para ayudar a financiar a sus amigos Python. Valió la pena el riesgo y las gracias son infinitas.
Y sin embargo, es imposible no dejarse conmover por la simplicidad en el mensaje, en los arreglos, los solos de guitarra (¡y ese slide tan personal!) y en las melodías de Harrison. Hay algo en cada una de sus canciones, sean las más cuestionadoras (se me vienen a la mente “Taxman” o “While My Guitar Gently Weeps”), las estrictamente relacionadas al amor (“Something”, “Blow Away” “o la bella “I Need You”) o las más reflexivas, como “Give Me Love (Give Me Peace On Earth)”, “Here Comes The Moon”, o mi favorita, “Ballad of Sir Frankie Crisp (Let It Roll)», que devela ese estado de perpetua conexión entre artista y obra, en donde, sin importar los contratiempos, la música debe ser aquello que debe transmitir lo mejor de su creador. ¡Y vaya si George lo hizo con creces! Todos sus temas, en mayor o menor medida, buscan hacer llegar al oyente a acercarse a una familiaridad de cotidianidad, de sencillas y a la vez grandes pretensiones a través de una vida intensa que luego trató de desacelerar. Una vida que fue de menos a más, sin ninguna ambición de posesiones ni ambiciones materiales, sino de disfrutar cada día como si fuese el último y usar las herramientas que tenía para poder, ante todo, comunicar en su peculiar estilo, lo que pensaba y sentía. Es por eso que empecé este artículo dedicado a Harrison con esa cita suya. El suyo fue un viaje de altas y bajas, pero sin duda uno que nos marcó a muchos, para bien, con ese legado musical y artístico intachable, inolvidable y lleno de humildad y mucha sinceridad.
Les dejo esta joya escondida y poco conocida de su segundo álbum, Living In The Material World, de 1971, “Be Here Now”, minimalismo íntimo y directo, donde lo poco es mucho, y donde cada nota expresa de manera precisa la belleza aún en la melancolía, del estar presente en el momento correcto, y en el lugar correcto.


