Música

Tiny Music… From The Vatican Gift Shop (y algunas palabras sobre el legado de los STP)

Stone Temple Pilots perform at the Virgin Mobile Festival in Baltimore, Maryland

Uno de los pocos frontman con estilo camaleónico a través de los años. En vivo, los Pilots la rompían.

Constante mutación. Renovación. Ambigüedad musical y estilística. Se me vienen estas tres ideas a la mente cuando trato de empezar esta entrada (pues llevo mucho, y para ser exactos, aproximadamente ocho años sin hacer una review de un álbum completo), dedicada exclusivamente al legado que este álbum que ya tiene si queremos recordar y celebrar la obra de los Pilots (y por ende, del recientemente fallecido Scott Weiland).

Empecé a conocerlos relativamente tarde, amén de los clásicos hits como “Interstate Love Song”, “Plush” o “Sour Girl”. Se me hacián un grupo secundario detrás del legado de los gigantes del grunge, que no llegaban al misticismo de Nirvana, la densidad sónica de Alice in Chains o la abrasividad parainoica de Soundgarden. Para mí, los Stone Temple Pilots pues, no pasaban de un puñado de buenas canciones y de un frontman díscolo y totalmente fuera de sus cabales en el escenario. Como es habitual, el clásico “greatest hits” con DVD incluido (en este caso, el introductorio Thank You) me hizo entrar más de lleno a la banda y descubrir el liderazgo galopante de los hermanos DeLeo, poniéndole énfasis a ese sonido crunch que vuela mis sentidos (los guitarristas comprenderán), marca registrada de Dean, el mayor de la familia; y ese timing perfecto de Erick Kretz, que va desde llenar espacios con potencia hasta ser sutil en temas como “Atlanta” o “Still Remains”. Su intensidad pues, hizo que los listenings se hicieran más habituales y pudiese encontrar el álbum que mejor les definiera.

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Clara referencia a las portadas de los vinilos de los 70’s. Desde la portada, los STP dejan en claro el eclecticismo al que quieren llegar.

Es cuando llega a mis manos este disco, tercero en su discografía, alejándose un poco de todo ese estigma “Generación X” y puliendo más una identidad que afloraba ya en Purple, segunda placa del cuarteto californiano. Si bien quedan retazos dignos del mosh, o pogo, según lo llames, más salvaje, aquí ya afloran matices diversos en su sonido, yendo desde una psicodelia tardía, retazos jazzísticos, arreglos con bronces por aquí, un poco de influencias del rock clásico y la lista continuaría… Lo cierto es que Tiny Music… marca un antes y un después de la carrera de los Pilots. Se nota una ambición de romper las reglas partiendo desde estas mismas, creando fusiones en el camino que se agradecen, ya que, en lo personal, pienso que es el mejor álbum, en su conjunto, que puede llamarse “quintaescencial” de Weiland y compañía. Empezamos con “Press Play”, una introducción que trae ecos a instrumentales del prog-rock de los 70’s, que luego engancha a “Pop’s Love Suicide”, siguiendo la estela alternativa noventera, y donde Weiland explora en las letras la insatisfacción del éxito al que llegaron a principios de la década. “Tumble In The Rough” es más rítmica y caótica, y ya aquí no puedes evitar imaginarte a una banda compacta que ya domina su desenvolvimiento tanto en el estudio como en el escenario. Con “Big Bang Baby” viene el primero de los más conocidos de este disco, clásico indiscutible de la banda, en donde ese sonido crunch del que hablé anteriormente se escucha en todo su esplendor, y la voz de Weiland alcanza registros que no habíamos escuchado aún, una voz ronca y desgarrada en el pico de su versatilidad. Sin embargo, el lugar de honor en lo que se refiere a los singles se lo lleva “Lady Picture Show”, claro homenaje al estilo beatle, y en el cual el oyente se engancha a primera oída con una melodía y unos arreglos que logran una amalgama de emociones sonoras, con mención especial al solo de guitarra de Dean. Continuamos con “And So I Know” y su ambiente bossa-nova para dar un toque de pasividad que será una constante más adelante, y con “Trippin’ on a Hole in a Paper Cut” delicia para aquellos que empezaban a extrañar el sonido grunge y una nueva invitación para los headbangers, ya que para este momento es imposible no dejarse llevar por esa base rítmica frenética, y letras sobre un acid-trip como “Let go it’s harder holding on / One more trip and I’ll be gone / So keep your head up / Keep it on, just a whisper I’ll be gone” (Vamos, es difícil sostenerse /Un viaje más y me iré / Asi que deja tu cabeza firme y sigue / Solo un susurro y me iré), coqueteos de Weiland, definitivamente. “Art School Girl”, desconcertante en sus bruscos cambios de tiempo, sigue la formula verso suave/coro estridente y “Adhesive” puede ser considerada la balada más infravalorada de todo su catálogo. Imposible no rendirse ante la trompeta en el medio de la canción, simple y efectivo detalle con toques jazzísticos, y luego Scott cantando en lo que es una de sus más íntimas metáforas: “Flyin’ high across the plain /Purple flowers ease the pain / Here, now have a listen /Ain’t the song you’re missin’” (Volando alto a través de la planicie / Flores púrpuras suavizan el dolor / Aquí, ahora escucha /Esta no es la canción que extrañas). Junto a “Lady Picture Show” es en definitiva, el highlight del álbum. “Ride The Cliche” es irónica y podría ser considerada un relleno que no le hace ningún hincapié negativo al tracklist y va perfectamente con él. Para cerrar, tenemos a “Daysi”, contribución enteramente instrumental por parte del menor de los hermanos DeLeo, Robert, sencilla pieza acústica adornada con un slide a los “hawaiano” y “Seven Caged Tigers”, pegajosa despedida fiel al estilo STP que cierra el álbum, si bien no de manera perfecta, pero sí redondeando un gran trabajo por parte de la banda.

Frecuentes en el Show de Letterman, grabación de VHS incluida.

La música producida por los Pilots ya tiene su lugar especial en los 90’s y más allá. Todos sus discos tienen algo especial, y llevan un sello muy personal, que, en definitiva, es lo que determina el poder perdurar en el tiempo. La despedida física de Scott (aquí no entraré en detalles acerca de su vida, sino más bien la intención es celebrar su legado, aunque, como lo dijeron sus compañeros de banda, “fue dotado como pocos” y que “parte de ese regalo también fue su maldición”) no hace sino reforzar la vigencia de una época que, como nostálgicos que somos algunos, la vivimos en un presente donde hacen falta bandas con propuestas desafiantes como en su momento lo fue este Tiny Music… , sencillo y a la vez demoledor, ecléctico y bebiendo de las fuentes más diversas para entregar un album final redondo y básico para cualquier biblioteca musical.

Aquí dejo el tracklist de Tiny Music… en Spotify. Un trip de principio a fin.

Descansa en paz, Scott.

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